El sábado de la semana que viene tenemos una fiesta de disfraces. ¿El tema? Películas. Da igual época o género. Después de hacer una enoooorme lista, y dudar, y escoger unos, a menos de dos semanas del evento decidimos cambiar. Aún no habíamos empezado, todo hay que decirlo. Somos lo peor, todo para el último momento.
Yo estoy cosiéndome mi vestido (si lo hago, lo hago bien, ¡faltaría más!) y tengo que hacerme la peluca (…). Menuda paliza me espera esta semana para que me dé tiempo. Porque además tengo que hacer el lazo-murciélago de Jaime. Para su traje vamos a comer hoy a casa de sus padres, a liar a mi pobre suegra. Porque es que yo todo no puedo, imposible.
Aún está todo demasiado poco empezado como para decir si va a quedar medio decente, pero con lo que estoy currando me merezco al menos una mención especial. Esto viene a que unas amigas del anfitrión querían hacer premios en plan al más original, al más currado, al más cutre, al más friky… Y hasta paseo por alfombra roja con la banda sonora correspondiente. Jaté, qué currado. No me puedo olvidar la cámara de fotos.
Ah, ¿que aún no he dicho de qué vamos a ir disfrazados? Pues de ésto:
La editorial SM, con motivo de la celebración de la 32ª Edición de los Premios de Literatura Infantil y Juvenil El Barco de Vapor y Gran Angular, convoca en España el I Concurso de Microrrelatos SMs.
Esto es lo primero que te encuentras al entrar en la web de los Microrrelatos. Todos deben empezar con las mismas palabras: “No quedaban libros…”. Por entretenerme un rato yo he mandado un par. Es complicado decir mucho en 160 caracteres (incluídos espacios y puntuación). Pero aquí van:
No quedaban libros… ni cartas ni nada que se conservase por escrito, en papel. Había llegado el futuro, decían. Y lo único que yo veía era que habían destruído todo nuestro pasado.
No quedaban libros… en toda la casa. ¿Qué habían hecho con ellos? No querían que Sara los leyese por alguna razón. Aquello la convenció más que nunca de que debía encontrarlos.
Se pueden votar los relatos, aunque hay que registrarse. Pero vamos, que no lo pongo para que votéis, ya digo, esto ha sido para pasar el rato. Lo mismo luego se me ocure alguno más
Ahora sólo me falta darme mi mega capricho, y seré mucho más feliz xD
Boniiiitooo... *¬*
Mi pobrecito iPod tiene ya siete años y empieza a estar algo cascado. Sí, aún funciona, pero los caprichos es lo que tienen. Y que me están entrando unas ganas que lo mismo mañana me voy de paseo al Corte Inglés y miro el Touch más de cerquita…
Nota aclaratoria: no, cariño, no es un post reivindicativo para que me lo regales. No cuento con ello xD Cuento con mi vena caprichosa y geek (aka tecnológica), que lleva un par de semanas dando mucho la coña… y cuando a mí se me mete un capricho en la cabeza, malo…
Estoy aquí sentada delante del ordenador, algo incómoda (necesitamos un perchero YA), con mi taza de los P.P.P. casi vacía del nescafé con leche y sin demasiadas ganas de escribir ni nada interesante que poner, pero es que siento que estoy dejando morir el blog poco a poco y tampoco me apetece eso.
Últimamente no tengo ganas de escribir. Igual es porque tampoco tengo nada interesante que poner. Mi vida se ha convertido en una sucesión aleatoria de fases o estados, a saber: agobio, desesperación, aburrimiento, alegría, cansancio, tristeza… y para de contar. Mis actividades más excitantes son ir a hacer la compra (¡¡uuuhhhhh!!) o salir a comer con mi padre, mi hermano y su novia. Hoy añadiremos la increíble variación de ir al Media Markt a devolver unos auriculares que son malos con mis orejas y las tratan mal.
Ayer fuimos al teatro a ver a El Tricicle. Me tocaron un par de invitaciones y menos mal, porque me vino de perlas. Reír es una buena medicina. Pero esta mañana los efectos ya casi han desaparecido. Todo vuelve a ser igual. Bueno, igual igual no, mi tío está ingresado desde anoche, y aún no sé muy bien por qué.
En fin.
Fui por la mañana a recoger las invitaciones, porque pensé que habría mucha menos gente (no había nadie, de hecho) que por la tarde a última hora. Aprovechando que estaba en el centro y que estaba relativamente tranquilo, entré en una tienda. Yo ODIO ir de compras. Grainne puede dar fe. En una ocasión aguanté con unos vaqueros que tenían un agujero en la entrepierna hasta que se hizo indecentemente grande. Todo por no tener que ir a la tienda, elegir, probarme otros, comprarlos y luego meter el bajo (porque una es bajita y TODO le está largo). Pereza. Pereza mortal. Ayer hice de tripas corazón, ya que estamos en rebajas y no nos sobra el dinero. Entré en Pimkie porque me había comprado allí una gorrita negra que, haciendo alarde de mi torpeza y desastrez [1] personal, perdí un par de semanas o tres después. Y ya que estaba allí y no tenía que hacer cola para entrar a los probadores (esto lo odio profundamente) pues cogí unos vaqueros que estaban a 9,95€ y un vestido negro a 14,95€. Y encontré la gorra que había perdido, pero también vi otra que me gustaba más y que estaba más barata. Así que treinta euros más pobre y, sorprendentemente, un poquito más animada [2], me fui para casa.
Hice una fuente de macarrones INMENSA a petición de Jaime. Fuente que veo que, o congelo, o tengo que tirar porque se va a morir de risa, dado que ni hoy ni mañana va a comerlos. Y a mí se me van a salir por las orejas. No pienso estar comiendo macarrones hasta el día del juicio. Además igual yo no como aquí hoy, sino con mi padre. Lo que no sé es qué tal aguantarán los macarrones la congelación. Igual se convierten en una pasta incomible al descongelarlos y recalentarlos.
Qué manera de divagar…
La tarde fue un poco mierdera. Bueno, mucho. Y por fin por fin llegamos al teatro. Representaban “Garrick”, con un resumen al final de otros de sus espectáculos, ya que hace poco cumplieron 30 años. Qué bien sienta reirse. Os dejo unos cuantos sketchs, para que os riáis vosotros también Eso sí, no dejés de verles en directo, si tenéis la oportunidad. Merece la pena
Las moscas.
Sanitarios Trucho.
Sala de espera.
[1] Bonito palabro. Es que me ha salido del alma.
[2] Que esa es otra. Normalmente cuando voy de compras (por estricta necesidad, ya lo he dicho) suelo acabar más depre aún, porque no sé si es que soy muy complicada o estoy mal hecha, que no me suele gustar nada o me sienta todo fatal.
Ayer volvió a nevar en Madrid. Nosotros estábamos aquí metiditos en la cueva y no nos enteramos hasta que nos llamó un amigo por teléfono. Habíamos quedado para cenar y preguntaba cómo estaba el tema por aquí. “¿Ein? ¿Qué tema? ¿De qué me hablas?”. Ya cuando me lo dijo me asomé a la puerta de la calle, porque nuestras ventanas dan al patio y ahí nunca llega la nieve, sólo agua.
¡Y qué manera de nevar! Estaba todo precioso, blanco blanquísimo. Me encanta cómo cruje la nieve al pisarla y cómo todos los sonidos se amortiguan. Madrid parecía silencioso, y todo. Fue genial
"La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días" (Benjamin Franklin).